 |
|
|
Fábula moral en la que dos visiones antagónicas de la existencia
están frente a frente a través de dos personajes simbólicos.
UNO es la soledad, el triunfo, la lucha denodada por la existencia
de quienes han antepuesto el éxito a la comunicación, a la realidad
existencial. UNO es un trasunto del Ciudadano Kane postrero
que recuerda el nombre del trineo en el que montaba de niño.
DOS
es
la mesura,
|
 |
|
la contención, tal vez, el miedo a escalar los bordes del abismo,
tal vez el deseo insatisfecho por una vida distinta. UNO es
lo dionisíaco niestzscheano, la voluntad de poder, el superhombre,
la
carencia
de
valores que se corporeiza en un
individuo ajeno a las emociones y a los sentimientos de aquellos
que no le sirven para su carrera hacia el éxito. DOS, por el
contrario, es lo apolíneo, el sometimiento a unos valores preestablecidos,
la aceptación de unos modelos de vida transmitidos por la cultura
dominante. UNO y DOS se enfrentan como dos símbolos y como dos
formas antitéticas de ver el mundo. Paradójicamente ambos se
necesitan porque si la desmesura conduce al abismo, a la perdición
y al culto a la muerte, lo apolíneo sin la carga vital de lo
dionisíaco se agota en sí mismo, se esclerotiza, se constriñe.
UNO necesita a DOS para sobrevivir, para no desaparecer; DOS
necesita a UNO para recibir toda la vida a la que a veces no
se atreve a enfrentarse.
|
| Si
UNO es un triunfador aventurero, viajero que coquetea con la
muerte y con las drogas, que mantiene una oscura relación con
un pasado emocional con las mujeres, con el arte y consigo mismo,
DOS también tiene sus contradicciones, el exceso de rutina,
su apocamiento, su aparente pusilanimidad... UNO es una estrella
en decadencia que ya se ha quedado sin voz. De hecho, tienen
que ponerle otra voz para que su éxito continúe. |
| DOS
es un voz sin estrella, sin cuerpo, sin aspecto, sin imagen,
cuyo sueño sería ser reconocido, aunque fuera por una sola vez,
ese día que para el es mágico, de la entrega de premios. Ese
día en el que por fin se ha atrevido a salir de la oscuridad
y del anonimato para que
lo vean su mujer, sus hijos, y quizás para verse
él a sí mismo. |
|
La
pugna entre UNO y DOS es un puro juego stanislavskiano entre
el bien y el mal sin que necesariamente estén representados
por uno u otro sino indistintamente. Es el espectador el que
tiene que optar por interpretar y adoptar cada parte del discurso
de cada personaje.
EL UNO Y EL OTRO es una invitación reflexiva. Un paseo por el
bien y el mal, un guiño a lo que cada ser humano guarda en su
propio interior; una invitación al drama, a la sonrisa y a la
amistad. |
|
Jaime
Romo
Autor
|
|
|