ÚLTIMAS PALABRAS DE COPITO DE NIEVE


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COMENTARIO DEL
AUTOR
COPITO Y YO
No llegué a conocerlo en persona. Y cuando digo "en persona" no me refiero a mí, sino a él.

No, nunca me llevaron a verlo. Y a mí tampoco se me ocurrió pedírselo a mis padres. Estaba convencido de que sólo podían visitarlo los niños de Barcelona. Especialmente, un niño de Madrid debía conformarse con verlo por la tele.

Mi primer recuerdo de Copito es éste: el mono al fondo y, en primer plano, un directivo del zoológico. En un momento dado, el directivo dice a la pantalla: "Copito de Nieve es mucho más importante que el oso panda del zoo de Madrid".

Recuerdo que me pregunté -me lo estoy preguntando todavía -: ¿Por qué habla de Madrid?, ¿qué tiene que ver Madrid?
Por entonces, yo no sabía que Copito de Nieve era mucho más que un mono.

Hace unos meses, me enteré de que toda la ciudad hacía cola para despedirse de él y se me ocurrió que, en esa última hora, el gran simio podía romper su silencio. El elegido, el favorito de los niños, el ciudadano ideal -desde el punto de vista del alcalde- por fin podía decir lo que pensaba. Sobre la vida y sobre la muerte; sobre el guardián que lo custodia y sobre el mono negro que lo acompaña; sobre el alcalde; sobre esos seres humanos que lo miran con ojos llorosos y a los que conoce mejor que nadie, después de observarlos durante tantos años.

O sobre lo que le diese la gana, que es lo menos que puedes conceder a alguien en ese momento, que diga lo que quiera sobre lo que quiera. Aunque te suelte algo desagradable. Aunque te señale con el dedo y te diga: "No me gustas".

Nunca fui a verlo, así que le debía esta visita. Aunque quizá él me señale con el dedo y me diga: "¿Qué pintas tú aquí, chaval? ¿Quién te ha dado vela en este entierro? Vete con tu oso panda".

Ahora que lo pienso, tampoco visité al oso panda. ¿Cómo se llamaba? ¿Lin Chu? ¿Chin Lu? ¿Chu Lin? Casi nadie recuerda su nombre. Y, sin embargo, un día llegó a ser comparado con el incomparable Copito de Nieve.

   

JUAN MAYORGA
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